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Backstage Politics
December 16, 2020

¿Qué es el Estado?

 

Estado. Una palabra de seis letras muy habitual pero cuyo significado casi nadie conoce. ¿Qué es el Estado?

 

Introducción

A lo largo de la historia ha habido muchos y muy variados tipos de Estados. Sin embargo, esto no es de mucha ayuda para entender qué es el Estado en términos sustantivos, pues nos perderíamos en el estudio de su evolución histórica y particularidades. Es más interesante analizar los elementos que lo definen, y que hacen de este una forma política específica. Por esta razón es preferible un enfoque conceptual que deje a un lado en la medida de lo posible los particularismos y la historicidad del Estado.

 

Elementos constitutivos del Estado

 

El Estado es una organización impersonal constituida por múltiples instituciones que conforman una estructura de poder que gobierna la sociedad. O dicho de otra manera, el Estado constituye una minoría altamente organizada que concentra en sus manos el poder, esto es, los medios de dominación con los que gobierna a la sociedad.

¿Cuáles son esos instrumentos de dominación? En primer lugar el ejército al ser la fuerza armada con la que se protege contra los enemigos externos e internos, y con la que la elite gobernante afirma su mando sobre el conjunto de la sociedad. El ejército es la columna vertebral del Estado, pues es el que garantiza en última instancia su monopolio de la violencia con el que ejerce su dominación e impone su orden. Es la institución que fuerza la obediencia de la población cuando todas las demás no son capaces. De esta forma viene a ser el último recurso en situaciones de crisis social y política para mantener la existencia del Estado.

El Estado administra su dominación por medio de leyes con las que organiza al conjunto de la sociedad. Las leyes son de obligado cumplimiento y para ello dispone de los medios coercitivos necesarios. La policía es, así, otro instrumento de dominación que forma parte del Estado y que se ocupa de supervisar el cumplimiento de las leyes. Su función, entonces, es reprimir a todos aquellos que no cumplen las leyes.

Junto a la policía están los tribunales que son los que se encargan de interpretar las leyes y de sancionar a aquellos que las transgreden. El aparato judicial, por tanto, es el que hace, junto a los cuerpos policiales, que las leyes no sean papel mojado al obligar su cumplimiento y castigar a quienes no las respetan. De esta manera el Estado hace valer su poder sobre la sociedad al establecer aquellas leyes que la organizan. Así es como el Estado administra su dominación e impone sus intereses a la población que gobierna.

Las sanciones que se derivan de la transgresión de las leyes pueden ser de diferente naturaleza. Desde multas hasta la privación de libertad, e incluso de muerte allí donde este castigo está en vigor. Como parte del sistema judicial y disciplinario que organiza a la sociedad encontramos las cárceles, que son junto a las restantes instituciones ya mencionadas otro instrumento de dominación del Estado. Por medio de la cárcel el Estado no sólo castiga a las personas que no cumplen las leyes al privarlas de libertad, sino que las somete por medio de todo un régimen disciplinario dirigido a inculcar la sumisión a la autoridad en el reo.

En otro lugar no menos importante están los servicios secretos, que son organismos que se encargan de desempeñar labores de espionaje tanto en la sociedad como en otros países. Su función no es otra que la de identificar posibles amenazas internas o externas para la seguridad del Estado, es decir, su orden interno y su integridad territorial. Operan de forma encubierta y su capacidad de acción se proyecta sobre el conjunto de la sociedad al disponer de múltiples ramificaciones en ella, además de importantes medios técnicos para supervisar todo tipo de actividades.

Sin embargo, el Estado necesita de una burocracia con la que organizar su estructura interna y proyectar su poder sobre la sociedad en infinidad de ámbitos diferentes. Debido a que el Estado es una institución que concentra el poder, uno de sus principales mecanismos de dominación es la burocracia mediante la que organiza distintas esferas de la existencia humana. Así nos encontramos con multitud de departamentos ministeriales que administran distintos ámbitos como las infraestructuras, la educación, la economía, los asuntos exteriores, etc.

De entre estos departamentos cabe destacar al menos dos que desempeñan funciones cruciales para el Estado. El primero de ellos es el fisco. El Estado necesita financiar sus medios de dominación para poder ejercer el mando sobre la sociedad, y para eso extrae de esta los recursos que necesita mediante impuestos. Los impuestos son una expropiación de la riqueza de la sociedad por medio de los que el Estado se sostiene al costear los medios de coerción con los que fuerza la obediencia de la población. Además de esto, los impuestos que recauda el Estado son una forma de dirigir la economía conforme a sus intereses y necesidades de dominación. Con ellos regula, dirige y organiza las actividades económicas, al mismo tiempo que desarrolla una asignación autoritaria de los recursos que recauda. En lo que a esto último se refiere, los tributos son también una de las principales fuentes de enriquecimiento de la elite gobernante.

El otro gran departamento ministerial es el de asuntos exteriores que agrupa al cuerpo diplomático. Su importancia radica en la función que desempeña como interlocutor, negociador y representante del país ante otros Estados y actores internacionales con los que establece relaciones y llega a acuerdos con la firma de tratados. Este departamento articula y coordina la actividad exterior de todos los demás ministerios, y concentra por ello un enorme poder que compromete la política interna del Estado. Esto es especialmente claro a la hora de negociar tratados, pero también en la formulación y diseño de la estrategia del Estado en la esfera internacional, la demarcación de fronteras, el establecimiento de alianzas con otros países, etc.

 

Los poderes del Estado

 

El Estado concentra los tres poderes que conforman el poder político, esto es, el ejecutivo, legislativo y judicial. De hecho ostenta el monopolio sobre estos tres poderes. Posee la capacidad para promulgar leyes para las que dispone, a su vez, de un poder ejecutivo que supervisa su cumplimiento, mientras que el poder judicial se encarga de sancionar a los transgresores.

Al concentrar estos poderes y disponer de los medios de dominación antes citados, el Estado es soberano. Esto significa que posee la capacidad de tomar decisiones vinculantes para su población al tener el derecho indiscutido a usar la violencia para ejecutar dichas decisiones. La soberanía es una cualidad que dota al Estado de un poder originario, no dependiente ni interna ni externamente de otra autoridad, que le confiere un derecho exclusivo sobre el territorio que reclama como propio.

 

Elementos definitorios del Estado: territorialidad y soberanía

 

La territorialidad, junto a la soberanía, es otro aspecto definitorio del Estado, pues no existe el Estado sin territorio. De hecho el territorio es un elemento constitutivo del Estado en la medida en que constituye una fuente de poder de la que extrae los recursos que necesita para sobrevivir y expandirse. Las fronteras políticas que demarcan el espacio geográfico que abarca el Estado son el límite territorial de su jurisdicción. Sobre este espacio el Estado ejerce su autoridad exclusiva al ser el lugar en el que sus leyes están en vigor y, por tanto, tienen carácter vinculante para la población que lo habita. El territorio es donde el Estado proyecta sus relaciones de poder con la organización del espacio a través de fronteras políticas, pero también administrativas, fiscales, aduaneras, judiciales, etc.

Las fronteras son, entonces, la manifestación de una relación de poder en el espacio geográfico, siendo la territorialidad una estrategia de poder dirigida a controlar cosas, procesos y personas en un lugar determinado. En la actualidad ninguna entidad, salvo el Estado, tiene un carácter territorial al disponer de un derecho exclusivo a gobernar el espacio geográfico que reclama como propio. La territorialidad es, por tanto, un atributo exclusivo del Estado.

 

El proceso decisorio del Estado

 

¿Quién hace las leyes? Los altos funcionarios de los diferentes ministerios son quienes las redactan, generalmente con la colaboración de los abogados del Estado. En función del sistema político de cada país el procedimiento para la aprobación de una nueva ley varía, pero en todos los casos el Estado es el que ostenta el monopolio legislativo. Nadie más que el Estado tiene el derecho de promulgar leyes al ser el que ostenta la titularidad formal del poder.

Las leyes son la expresión de decisiones políticas de obligado cumplimiento. No sólo organizan a la sociedad, sino que también son el instrumento por medio del que el Estado coordina y organiza su propia actividad al establecer el marco general en el que deben desarrollar sus respectivas funciones las diferentes instituciones que lo conforman.

Entre estas instituciones nos encontramos con el gobierno, que habitualmente es confundido con el Estado a pesar de que son cosas completamente distintas. Mientras que el Estado es una estructura de poder compuesta por una gran variedad de instituciones diferentes, el gobierno, por el contrario, es un órgano del Estado para coordinar la actividad de estas instituciones. Sin embargo, el poder no se concentra en el gobierno. La capacidad decisoria no está en manos de un presidente o primer ministro, ni tan siquiera en los ministros que dirigen los diferentes departamentos. Esto sólo es una formalidad, pues los miembros del gobierno dependen en todo lo fundamental de sus subordinados, esto es, los altos funcionarios que son los que moldean los procesos decisorios que dan lugar a las políticas que articulan la actividad del Estado.

La inercia burocrática del Estado es la que establece la agenda política del gobierno, y la que brinda a este una serie de decisiones precocinadas que sus miembros se ven obligados a asumir. El gobierno únicamente se encarga de coordinar a las instituciones y agencias estatales, especialmente cuando existen disputas departamentales, de forma que armoniza los intereses y dota de coherencia a la actividad de estas organizaciones. Además de esto el gobierno se encarga de dar la cara ante el público. Digamos que es la cara visible del Estado que se encarga de vender a la población unas decisiones que en la mayoría de los casos no han sido tomadas por sus miembros. Los políticos son así una suerte de relaciones públicas que explican y justifican dichas decisiones.

El Estado tiene sus propias normas y jerarquías internas que hacen que se regule a sí mismo y sea autónomo. Ni los miembros del gobierno ni los políticos tienen capacidad para intervenir en el funcionamiento interno del Estado. Su poder decisorio es muy limitado y se reduce a cuestiones secundarias, pues las decisiones importantes las toman otros en su lugar.

 

La elite del poder

 

Esto nos conduce a la pregunta de ¿quién ostenta el poder en un Estado? En cierto modo esto ya ha sido contestado. Los mandos militares, los directores de los servicios secretos, los jefes policiales, el cuerpo diplomático, los altos funcionarios de los diferentes ministerios, los magistrados de los altos tribunales, etc. Ellos constituyen los poderes fácticos de un país al ostentar el mando operativo sobre las instituciones que gobiernan a la sociedad. Constituyen un poder no elegido, porque todo Estado es una imposición. En última instancia el Estado es violencia organizada contra la población para someterla a sus dictados e intereses.

¿Por qué esto es así? Porque la guerra hizo al Estado, y el Estado está hecho para hacer la guerra contra enemigos exteriores pero también interiores, es decir, su propia sociedad. Al fin y al cabo quienes ostentan el mando en la sociedad no quieren ser desplazados de su posición de poder, y para ello utilizan todos los medios que tienen a su alcance para protegerse de quienes cuestionen su autoridad.

¿Significa esto que el Estado se sostiene únicamente por medio de la violencia? No, porque si así fuera no duraría mucho, por eso necesita la colaboración de su población para lo que genera su propia legitimidad con la que hace aceptable su existencia y las decisiones que adopta. Sin embargo, cuando pierde la cooperación de la sociedad es entonces cuando recurre a la violencia para forzar la obediencia. La naturaleza del Estado es la dominación. Esta siempre es igual en todo tiempo y lugar, sólo varía el modo en el que se manifiesta.

La fuerza y el engaño son los principales instrumentos de los que el Estado se vale para conseguir la obediencia de sus gobernados. Es algo que Maquiavelo ya dijo hace más de 500 años en su famosa obra El Príncipe. Un gobernante tiene que ser astuto como el zorro para hacerse obedecer, esto es, utilizar el engaño. Pero cuando el engaño no funciona es cuando tiene que actuar como un león y utilizar toda su fuerza para imponerse. Es entonces cuando los tanques salen a la calle y el Estado muestra su verdadera faz.

Bibliography used:

Oppenheimer, Franz, El Estado

Mills, Charles W., La elite del poder

Creveld, Martin van, The Rise and Decline of the State

Tilly, Charles, Coerción, Capital y los Estados Europeos, 990-1990

Bobbio, Norberto, Estado, gobierno y sociedad

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Carroll, James, La casa de la guerra. El Pentágono es quien manda

Jouvenel, Bertrand de, Sobre el poder. Historia natural de su crecimiento

Mann, Michael, Las fuentes del poder social

Giddens, Anthony, The Nation-State and Violence

Poggi, Gianfranco, The State: Its Nature, Development and Prospects

 

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